Memorias urbanas Guayaquil- CAPITALISMO Y URBANIZACIÓN EN GUAYAQUIL. por Henrry Åland- Parte 1
MODERNIZACIÓN SOCIAL Y URBANIZACIÓN
Entre los años sesenta y setenta el Ecuador experimenta una cierta modernización social gracias a la implementación de cambios estructurales como la reforma agraria, un impulso a la industrialización, una redistribución del ingreso a través de inversiones en las áreas de educación, salud, bienestar social y desarrollo rural, entre otros cambios.
La expansión de las relaciones capitalistas de producción permitieron la formación de un gran capital comercial y financiero, un mayor desarrollo industrial concentrado en Quito y Guayaquil, un incrementó de la estructura de comunicaciones, pero sobre todo el aparecimiento de una creciente masa de campesinos proletarizados que migraban a ciudades intermedias de la Costa para posteriormente trasladarse a Guayaquil.
De esta manera las ciudades de la Costa empezaron a poblarse vertiginosamente. El país dejaba de ser rural para convertirse cada vez más en urbano.
Por lo general, los recién llegados se ubicaban en casas renteras del centro de la ciudad, donde vivían en condiciones deplorables o en su defecto invadían terrenos públicos del sur de la urbe, esto debido a que las tierras más aptas para urbanizar -del norte de la ciudad- fueron monopolizadas por “hacendados, banqueros, instituciones de beneficencia y el propio municipio, que constituyeron un oligopolio de la tierra (Rojas et al., 1989: 22) .
A principios de los años setenta, la creciente monopolización de la tierra urbana, así como el derrocamiento de los conventillos del centro para dar paso a los grandes edificios provocó una nueva oleada de tomas de tierras, por lo que la urbanización guayaquileña adquirió características particulares: por un lado, formal al norte de la urbe, con una clase media y alta en urbanizaciones más espaciosos y mejor atendidas en infraestructura y equipamiento; y por otro lado, en el suroeste, una lotización clandestina en donde los sectores populares no tenían acceso a ningún tipo de servicios.
A pesar que, en esta época el Estado intentó formalizar la urbanización en el sur de la ciudad , los sectores populares siguieron resolviendo su demanda de tierra por fuera del mercado, sobre todo mediante la ocupación de tierras pertenecientes al Estado, especialmente del municipio, y después invadiendo terrenos privados. Es necesario anotar que el desarrollo de un sector inmobiliario informal se dio al calor de las luchas del movimiento social urbano y bajo el impulso y la protección del clientelismo político (Rojas et al., 1989: 9)
En los años ochenta con el retorno a la democracia, la demanda de tierra tampoco pudo ser resuelta y más bien los rasgos de la urbanización guayaquileña se mantuvieron: una creciente población en tugurios y suburbios, si en 1950, el 12% de la población total vivía en el suburbio, para fines de los años setenta esta cifra se ubicaba en el 50%. (Menéndez 1986: 51).
Por otro lado, la llegada masiva de población provocó serios problemas de desabastecimiento de servicios vitales; de hecho, para 1980 “sólo el 31% del total de las viviendas de la ciudad de Guayaquil poseían todos los servicios básicos (agua, electricidad y alcantarilla), el 35,4% alguno de los servicios indicados, y el 33,3 ningún tipo de servicio” (Rojas et al., 1989: 13). Es más, en la década de los ochenta, el 60% de la población de Guayaquil se abastecía de agua a través de tanqueros (Menéndez 1986).
LOS PRIMEROS HABITANTES DE EL GUASMO NORTE
El Guasmo era una hacienda de propiedad de un miembro de la elite local, Juan X Marcos. Esta tierra fue expropiada en 1964 por la Junta Militar y posteriormente entregada por lotes a tres instituciones -al Municipio, al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) y al Banco Ecuatoriano de la Vivienda (BEV)- para que en ella se desarrollen planes de vivienda públicos.
A finales de 1975, aproximadamente 300 familias provenientes del suburbio y del centro tugurizado de la ciudad de Guayaquil se tomaban la antigua hacienda-específicamente la parte norte de la misma, y la noticia de que en El Guasmo se “estaban dando terrenos” se regó por la ciudad.
Pronto miles de personas se trasladaban a vivir en el lugar a pesar de ser una zona de tierra inundable, no apta para urbanizar y además de no contar con ningún servicio básico.
Para 1978, es decir, tres años después de la primera toma de El Guasmo, habitaban en el sector aproximadamente 1.600 familias con 8.842 personas. En este lapso de tiempo, el número de hogares se había multiplicado por cinco, tal como se demuestra en la grafica No 1.
La mayoría de las personas que se instalaron en la zona –a diferencia de lo que muchos creerían- no eran campesinos, al contrario, el 41% de las familias provenía del centro tugurizado de la ciudad, el 38% provenía de zonas suburbanas, el 13% de otras partes de la provincia del Guayas y 8% del resto del país. (Salomón 1981: 22).
Es decir, el 79% de las personas que ocuparon la hacienda tenían experiencia urbana previa, pues varias familias fueron expulsadas del centro de la urbe durante la fase de renovación ocurrida a mediados de la década de los setenta.
Algunas familias llegaron después del desalojo de la zona del cementerio, otras, llegaron después de ser desalojadas de un predio la Universidad de Guayaquil en la Avenida Juan Tanca Marengo.
En este espacio, un número importante de los hogares estaba compuesto por familias plenamente establecidas y no por grupos aislados, lo que evidenciaba que el grueso de la población se encontraba en el asentamiento por la falta de un lote para la vivienda y no tanto para dedicarse a la especulación de tierras y a la compra-venta de solares (Salomón 1981: 11-18-20-21) como lo han señalado reiteradamente algunos investigadores sobre el tema.
La mayoría de los pobladores eran asalariados ubicados en el sector secundario (servicios) y terciario (artesanía-industria). Este grupo estaba conformado por una parte, por un proletariado y subproletariado compuesto por trabajadores de la construcción, empleadas domésticas, guardias, operarios de talleres, asalariados del pequeño y mediano comercio, conserjes, mensajeros, ascensoristas; y por otra parte, por una pequeña burguesía urbana compuesta por transportistas, comerciantes y artesanos con cierta capacidad de acumulación (Salomón 1981).
Aunque el desempleo de los habitantes en la zona bordeaba el 7,3%, esto no significaba que la población marginada espacial y ecológicamente lo estuviera en la estructura productiva; al contrario, los datos de El Guasmo muestran cómo los sectores populares participaron plenamente de las actividades del sistema productivo; incluso algunos, por su nivel de ingresos, podían ahorrar (Salomón 1981: 30-48)
Grafico No 1. Crecimiento de la población en El Guasmo 1974-1980-Fuente: Salomón 1981. Elaboración propia.

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