EL GUASMO: DONDE EL DIABLO PEGÓ EL GRITO, PERO NADIE LO ESCUCHÓ

Memorias urbanas Guayaquil- por Henrry Åland. - (Parte 2) Historia de la usurpación del del suelo al sur de la ciudad.


Los primeros años en El Guasmo fueron muy difíciles para vivir pues el sector no contaba con ningún servicio básico. Fue el esfuerzo de la comunidad el que creo mejores condiciones de habitabilidad.  

En un inicio las viviendas de los moradores eran muy precarias y se construían elevadas sobre una serie de pilotes para evitar que el agua llegue al interior, puesto que se trataba de terrenos inundables. Las paredes y el piso eran de caña guadua y en menor medida de madera, los techos eran todos de zinc. 

Los cambios en este tipo de viviendas eran muy lentos y paulatinos puesto que el mayor esfuerzo de los moradores se centraba en el relleno de las calles y la legalización de los terrenos; una vez cumplidos estos objetivos las viviendas entraban en un permanente proceso de autoconstrucción para lo cual se utilizaban todos los ahorros posibles y la mano de obra familiar. 

En los primeros meses del asentamiento, los moradores utilizaron mecheros o candiles para iluminarse, hasta que a principios de 1975 “tomaron” la energía eléctrica de la red pública que servía a una empresa instalada en la zona. Los propietarios de la empresa no pudieron oponerse al uso de sus instalaciones debido a la presión de los moradores. Las conexiones la realizaron “unos compañeros que trabajaban en la empresa eléctrica, nosotros poníamos postes, y tuvimos luz; pero una luz, bajísima” (Chasi 2009).

La apertura de las calles se la hizo a “punta de machete y pala” sin apoyo de maquinaria alguna. Para su relleno, cada una de las familias debía comprar de manera obligatoria cierta cantidad de volquetas de cascajo, proceso que fue complementado con permanentes movilizaciones para que las autoridades contribuyan también con cascajo. “Nosotros nos manifestábamos para que los políticos de turno “pongan una cápita de diez centímetros; el siguiente político decía que nos iba a poner una cápita de 30 cm., de 40 y así fuimos rellenando este sector” (Yulan 2009).

En 1977, con la apertura y relleno de las calles, la movilización se hizo más fácil y las primeras líneas de buses pudieron establecer un recorrido diario. Antes de esta fecha los habitantes del lugar se transportaban en camionetas desde el asentamiento hasta el Hospital del Seguro en la avenida 25 de Julio, y desde allí tomaban un autobús que les conectaba al centro de la ciudad. No es difícil imaginar que en invierno el transporte no podía ingresar al sitio por lo que los habitantes caminaban un largo trecho.

La apertura de las calles también permitió el ingreso de tanqueros con agua, aunque el servicio funcionaba solamente en verano, cuando las vías estaban más transitables; mientras que en el invierno, los vehículos no podían ingresar, la única ventaja de esta situación era que cuando llovía se podía recoger agua en baldes (Ortiz 2009). Antes de 1977, para aprovisionarse de agua, los moradores tenían que trasladarse hasta la ciudadela Nueve de Octubre, ubicada a aproximadamente 2 kilómetros de distancia. 

Dos de las principales obras realizadas por la comunidad fueron la escuela  y la iglesia que pasaron a convertirse en un símbolo de la organización y el esfuerzo de la población. Al igual que las otras obras de infraestructuras, estas fueron construidas con el aporte de los socios.  

En El Guasmo Norte, los mecanismos que se utilizaron para el mejoramiento de la infraestructura eran: a) el aporte de las familias, con la entrega de trabajo gratuito por lo general mingas y b) la organización de festivales de comida criollas, bingos y fiestas que permitían recaudar dinero y así financiar las obras de construcción, viajes a Quito, asistencia a los congresos,  propagandas, cartelones, y en general las movilizaciones.

De hecho, en la memoria colectiva de los moradores está presente la idea que todos los servicios se consiguieron en parte con el propio esfuerzo y en otra, gracias a las continuas movilizaciones. Incluso, los pobladores asocian los hitos de su lucha con varios momentos como la conexión a la energía eléctrica, el agua potable, el alcantarillado, las líneas de buses, la pavimentación de calles, el reconocimiento legal de la organización, el acceso a las escrituras de los terrenos, etc. 

Es importante anotar que el esfuerzo personal de los moradores para mejorar la infraestructura del sector fue funcional al modelo de urbanización de la ciudad, al reducir notablemente los costos que el Municipio debía invertir para la provisión de servicios básicos, y lograr mantener mantener bajos los costos de reproducción de las fuerza de trabajo y disponer un enorme contingente laboral que es potencialmente -a pesar de los bajos ingresos- un futuro mercado de consumo. (Rodríguez-Villavicencio 1987: 259)

El 13 de febrero de 1976 y el bloqueo militar en El Guasmo

De aquí no me sacas tú, ni tu alcalde. Yo la tierra la necesito. Cuantas veces me quemen la casa, cuantas veces me posiciono aquí mismo. De aquí no me sacas tú, ni nadie 

Durante la primera fase del Gobierno Nacionalista y Revolucionario de las Fuerzas Armadas (1972-1976) se desarrollaron algunos mecanismos para lograr una mayor participación popular. En este contexto, las organizaciones de base –entre ellas las barriales- adquirieron preeminencia “como mecanismos a través de los cuales las demandas de las comunidades eran canalizadas a las autoridades locales, y procesadas las respuestas” (Menéndez 1986: 329)

En enero de 1976, el general Guillermo Rodríguez Lara -jefe de gobierno desde 1972- fue reemplazado por un Triunvirato Militar. A partir de allí, se produjo un giro hacia la derecha por parte de las Fuerzas Armadas. Entonces, la promoción de la participación fue reemplazada por la contención de los sectores populares, lo cual implicó un incremento en la conflictividad social. 

Pronto, los funcionarios del gobierno, especialmente el ministro de Gobierno, Bolívar Jarrín Cahueñas, emprendieron una serie de ataques a las organizaciones populares acusándolas de subversión. Entonces, se vuelve recurrente el uso de un lenguaje anti-obrero y anticomunista del “enemigo interno”, de la “injerencia extranjera”, todo ello en el marco de una creciente ola de agitación social, sobre todo en sectores fabriles, así como un incremento de las invasiones en la ciudad de Guayaquil.

De hecho, durante el Triunvirato Militar, la política frente a las tomas de tierras urbanas era la de expulsión inmediata , por lo que los pobladores asistieron a “momentos de intensa lucha tanto con propietarios privados como con algunas agencias del Estado, provocando episodios de desalojo y de víctimas” (Rojas-Villavicencio 1988: 159). 

En estas circunstancias, el 13 de febrero de 1976, las fuerzas combinadas de la Policía Nacional, la Policía Municipal y miembros del Departamento de Obras Públicas Municipales desalojan violentamente a los invasores de El Guasmo y quemaron aproximadamente 260 casas, es decir, la casi totalidad del asentamiento. “La cooperativa Casitas del Guasmo es la que sufre la mayor parte del desalojo llevado a cabo por la municipalidad de Guayaquil” (Salomón 1981: 2)   

La necesidad de un lote de terreno donde construir una vivienda hizo que los moradores se enfrenten decididamente a la Policía y al aparato represivo municipal. La resistencia fue de tal magnitud que las autoridades no lograron desalojarlos. Un año más tarde los habitantes festejaban con un desfile la resistencia al desalojo . 

Y es que el mecanismo de ocupación de la tierra funcionó de la siguiente manera: pobladores y estudiantes se organizaban para la toma de un gran lote de terreno, una vez instalados allí, se ordenaba el asentamiento, se media, repartía y se entregaban los predios de manera individual. Protegida la zona, nuevas organizaciones procedían con la misma lógica a ocupar las tierras aledañas hasta completar la toma de la mayor parte de la hacienda. 

El proceso de toma gradual de la antigua hacienda empezó en El Guasmo Norte en 1975 y culminó a mediados de 1978 con la incorporación de El Guasmo Central y Sur. A los ocupantes de esta zona se sumarían cerca de dos mil personas que estaban asentadas en los terrenos de la Universidad de Guayaquil en la vía Tanca Marengo . De esta manera aparece barrios-organizaciones como “Proletarios Sin Tierra”, “Causa Proletaria”, La Florida, Patria Nueva, Guayas y Kil, El Valle, La Tarqui, Cristal, entre otras. 

En julio de 1978, frente a esta oleada de invasiones que llegó a copar la casi totalidad de la hacienda El Guasmo, el gobierno decidió bloquear militarmente el sector impidiendo no sólo el aprovisionamiento de materiales de construcción sino incluso de productos vitales como el agua (Valencia 1982: 235), la misma que llegó a convertir en objeto de contrabando.

“Cuando nos cercaron aquí […] no entraba ni agua, ni luz. Nos cercaron como medio de presión, para que no entremos ningún material, para que no sigamos construyendo las casas. Tuvimos que viajar a Quito a dialogar con las autoridades y solicitar el fin del bloqueo (Chasi 2009), así como demandar al ministro de Gobierno, Bolívar Jarrín Cahueñas,  la venta de la tierra de El Guasmo a un precio de 10 sucres el m2.

Fotografía No 1.  Moradores celebrando la resistencia al desalojo. Febrero 1976

Fuente: Jaime Chasi


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