ALGUNAS PRECISIONES SOBRE EL INCENDIO GRANDE DE 1896, FLAGELO QUE ARRASÓ CON LAS TRES CUARTAS PARATES DE GUAYAQUIL.
Memorias Urbanas Guayaquil- revisionismo Histórico.
La noche del octubre de 1896, las campanas de las iglesias y estaciones de bomberos repicaban con furor. La gente asomada en ventanas y balcones, divisaba una gran llamarada en los alrededores de la Gobernación, la residencia de la familia Matheus, ardía con vigor, la casa una casa típica de una planta de construcción mixta (caña y quincha), como la mayoría de casas de la ciudad.
El incendio habría comenzado en el almacén esquinero de aquel inmueble. Sin embargo, controlarlo, no habría sido tarea difícil para el cuerpo de bomberos de la ciudad.
El problema es que del cuerpo de bomberos que la ciudad conocía, quedan solo vestigios. La mayoría de efectivos del denominado Benemérito Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, se encontraban desmovilizados. La revolución liberal atrajo a sus filas a la mayoría de ellos, causando el colapso de las diversas compañías de ese cuerpo.
Las brigadas carecen de jefes, no hay agua en las bombas, no se puede simplemente elaborar ninguna estrategia o plan para combatirlo.
Se suma a esto los vientos nocturnos de verano, que los viejos guayaquileños llamaban el sereno, que sopla cual fragua avivando el fuego. Es decir, el coctel perfecto.
Las llamas se extienden por el Malecón, tomando aceleradamente las manzanas ubicadas en la calle Pichincha, Aguirre. En la madrugada las lenguas de fuego alcanzaron la Plaza de San Francisco, devorando su iglesia, por la mañana consumen la Merced, cual domino caen las viviendas de la calle Junín, Chimborazo, desaparece el edificio de la Sociedad de Beneficencia de Señoras; un edifico construido con madera de pino.
Los fuertes vientos, más la ola de calor, se convierten e una tromba de fuego que lo arrasa todo.
Por la noche del día 7, remolinos de fuego carbonizan las viviendas construidas en las faldas de los cerros del Carmen Y Santa Ana.
Al amanecer del día 7 el incendio grande consumió las manzanas ubicas desde el Malecón de la ciudad hasta la calle Santa Elena y desde a calle Aguirre hasta las estribaciones de os cerros del Carmen y Santa Ana. El fuego lo devoró todo, hasta las estaciones de bomberos.
La psicosis social recorrió las calles de la ciudad, buscando incendiarios, grupos armados recorrían la ciudad en busca de estos, persiguiendo e interrogando a ciudadanos que encontraban en las calles.
Para su desgracia Tello, un bombero voluntario, que sé que encontraba arrimado a una pared orinando, fue capturado por el populacho indignado, y lo acusaron de querer quemar esa pared.
Entregado a las autoridades se levantó un sumario tramitado velozmente, en el que se lo “declaraba culpable” de haber originado el incendio del 6 y 7 de octubre de 1896.
Se lo sentenció a la pena capital, acción que se cumplió a las 16h00 del 8 de octubre de 1896, en la terraza de un edificio en la calle Illingworth.
El 11 de octubre se instaló en la Gobernación de la provincia, La Asamblea Nacional Constituyente, una deuda pagada de la revolución liberal del 5 de junio de 1895.
Luego de la instalación el Dr., José Peralta, asambleísta por Azuay, solicita la palabra, para condenar lo que denominó como un crimen judicial; obra del odio y la ignorancia, que violentaba derechos, que la revolución liberal ha defendido con la vida y sangre de muchos compatriotas.
Denunció además la orfandad, estigma y miseria en la que por un acto ilegitimo se había causada a la familia de la víctima inocente de este flagelo. Concluyó Peralta, exigiendo a la Asamblea la inmediata rehabilitación de Tello y l condena a tan bárbaro e ilegal acto.
La Asamblea Nacional presidida por el Dr. Manuel Cueva, sometió al pleno la propuesta de Peralta y esta con absoluta mayoría plegó a su propuesta.
De esta forma la Asamblea Nacional Constituyente de 1896, rehabilitó la memoria de Tello, y el honor de esa Asamblea.

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